Francisco D’Agostino: En EEUU también tienen un problema serio con las pensiones

Es innegable que parte del colosal y difícil problema del rompecabezas de las socioeconomías, inherente al futuro de las pensiones viene de la conjunción de diversos factores nos dice Francisco D’Agostino. Estos factores se tornan problemas al solaparse unos con otros, y al coincidir temporalmente su intensidad en las mismas décadas, elevando el riesgo de desencadenar la tormenta perfecta.

Pero lo cierto es que habitualmente se asocia la potencial insostenibilidad del sistema de pensiones público español únicamente al hecho de que es de reparto. Lo revelador es que algunos sistemas que en la práctica no son 100% de reparto también están arrojando indicadores adelantados de potenciales riesgos de insostenibilidad. Y sí, uno de ellos es la meca de nuestro sistema capitalista: el mismísimo Estados Unidos.

Repartir o no repartir: that is the question

Pues efectivamente, este complejo debate sobre el futuro de las pensiones a menudo se aborda en los medios “commodity” con una pregunta de Francisco D’Agostino: ¿Debe ser un sistema de pensiones sostenible de reparto?

Ojalá todas las cuestiones difíciles pudiesen condensarse en una pregunta tan simple, pero la realidad económica es (casi) siempre compleja, y cuando ésta se confabula con el futuro en forma de econometría, la cosa ya pasa del críptico castaño oscuro al negro casi opaco. Desde estas líneas tratamos de encender hoy una modesta vela, a ver si arroja algo de luz e ilumina un poco la estancia.

Para los no versados en el tema, simplemente resumir a modo de breve introducción que principalmente hay dos tipos de sistemas de pensión: los de reparto, y los que popularmente se conocen como “a la chilena” argumenta Francisco D’Agostino

Los de reparto son los más comunes en las socioeconomías europeas, y en ellos los cotizantes en activo sufragan las rentas de los pensionistas del momento: de ahí lo del “reparto” de lo que se ingresa en cotizaciones entre los que perciben una pensión.

Pero hay otros mundos más allá de nuestras fronteras europeas, y en otros países (como Chile) es habitual ver otros sistemas de cotización, bien puros al 100%, o bien híbridos con el de reparto. En ellos cada cotizante se cotiza total o parcialmente su propia pensión del futuro. El funcionamiento, habiendo casos y casos, es similar a lo que en España tenemos con los planes de pensiones privados, en los que un cotizante a lo largo de su vida laboral va haciendo aportaciones periódicas a un fondo propio y personal, del que nadie puede disponer salvo él mismo, y que percibirá una vez que se jubile (total o parcialmente dependiendo también del caso), explica Francisco D’Agostino.

El caso de las pensiones estadounidenses que en la práctica son un sistema mixto

El sistema estadounidense digo que no es un sistema puro de reparto (aunque la prestación pública exista) porque la cobertura estatal está diseñada para cubrir un mínimo que mayormente está por debajo del nivel de vida en general. Éste es el motivo por el que habitualmente los estadounidenses deben acudir a fórmulas de cotización privada como el 401(k) o el IRA, al que empleado y/o empleador hacen importantes aportaciones a lo largo de su vida laboral.

El esfuerzo no es nada desdeñable para el sistema: aporte quien aporte, lo cierto es que, en el momento de la jubilación, los expertos especializados del sector estiman que un trabajador estadounidense debe haber acumulado en fórmulas de pensión complementarias unas ocho veces su salario anual opina Francisco D’Agostino. Teniendo en cuenta la vida laboral media en el país, realmente ocho años de sueldo se hace casi una eternidad.

Así los estadounidenses tratan de asegurarse algo más de dignidad en forma de pensión para cuando llegue el momento de pasar a mejor (o peor) vida laboral y se jubilen. Pero reparen en ese “tratan” tan intencionado porque, para desgracia de todos, ésta tampoco ha resultado ser la fórmula mágica de la sostenibilidad de las pensiones.

Las vías de agua existentes en el transatlántico estadounidense de las pensiones

Ahorrar para el momento de la jubilación es algo casi cultural en Estados Unidos, donde los trabajadores más jóvenes tradicionalmete han empezado ya a ahorrar para su jubilación desde el mismo inicio de su vida laboral. La primera vía de agua de este modelo está viniendo del sobreendeudamiento que arrastran estos jóvenes desde su época universitaria, contraído para sufragar sus caros estudios universitarios opina Francisco D’Agostino.

La crisis acrecentó este problema, con unos sueldos para los recién incorporados que cotizaron a la baja, imposibilitando en demasiados casos la viabilidad a corto y medio plazo de repagar la deuda contraída en un plazo razonable, y poniendo a muchos jóvenes trabajadores al borde del precipicio económico doméstico: como para pensar en empezar a ahorrar para el momento de su jubilación.

Pero este sobreendeudamiento por los estudios universitarios no afecta únicamente a los trabajadores más jóvenes, la progresiva dilatación del periodo de repago ha hecho que salten todas las alarmas en el sector. El motivo ha sido que se ha incrementado este tipo de deuda también entre los trabajadores senior, lo cual es un indicador indiscutible de que esta particular bola de deuda es mucho más grande y dañina de lo que algunos contemplaban dice Francisco D’Agostino.

Todo este monumental lío económico es lo que se conoce comúnmente como la burbuja de deuda universitaria de Estados Unidos, y no, esta vía de agua no es nada fácil de achicar. El problema ya no es que además haya trabajadores senior que todavía no hayan dejado de pagar su deuda universitaria, que en ciertos casos puede ser “perdonada” según leyes federales. La realidad económica es de nuevo más compleja de lo que pueda parecer a simple vista.

De hecho, en el sector se teme por la situación porque se ha vuelto habitual que, para rescatar al endeudado joven trabajador, tengan que acudir sus progenitores al rescate. Y no para ahí la cosa. Como pueden leer en el enlace anterior, también son numerosos los casos en los que son los abuelos los que participan de la deuda universitaria contraída por los nietos. Y esas deudas inter-generacionales no disfrutan de esa posibilidad de ser “perdonadas” por obra y gracia de la legislación federal. Así que ese dinero está claro que tiene que salir igualmente de algún sitio explica Francisco D’Agostino.

El problema de pensiones estadounidense es una mala noticia para todos

No lean estas líneas en forma de crítica simplona hacia el sistema de pensiones estadounidense, buscando consuelo en aquello del “mal de muchos…”. No es ni la intención, ni resulta constructivo tratar de tapar los desastres propios con los ajenos. No es el estilo de estas líneas. Aqui de lo que se trata es de aprender de los errores y aciertos propios, pero también de los ajenos.

Lo cierto es que, lamentablemente, el hecho de que su fórmula de pensiones también esté empezando a hacer aguas es una mala noticia para todos: ahora el problema de los europeos ya no es sólo lidiar con una transición de un sistema a otro que se antoja inasumible, sino que además no se puede tener demasiado claro hacia dónde deberíamos poner rumbo con esa transición dice Francisco D’Agostino.

Genial. Lo que nos faltaba. El rompecabezas de las pensiones se torna jeroglifico, y ya no sabemos ni qué pictogramas tenemos que encajar para tratar de darle algo de sentido de futuro al conjunto resultante.

No sólo tenemos que el transatlántico europeo de pensionistas a lo “Vacaciones en el mar” está también haciendo aguas. Tampoco tenemos suficiente con que además haya insuficientes botes salvavidas que sólo tienen capacidad para unos pocos privilegiados. Y no nos valía con la gran incertidumbre de si llegaríamos antes del naufragio a ese puerto seguro que algunos divisaban en el horizonte.

Ahora además tenemos que, a bordo de este barco cuyo motor empieza a renquear, no podemos tener claro hacia donde navegar para salvar los bártulos (o lo que quede de ellos). O sí, porque otra solución sostenible que un servidor ya propuso es la de incluir en el sistema nuevos cotizantes. Ya saben que esos cotizantes no pueden ser humanos con una pirámide de población envejeciendo. Tendrán que ser robots. No hay otra (o la que hay es mucho peor) concluye Francisco D’Agostino.

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